ARENAS DE SAN PEDRO
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Personajes Ilustres

La Triste Condesa Doña Juana de Pimentel

Al casarse con D. Álvaro, el padre de Doña Juana, el conde de Benavente, don Rodrigo Alonso Pimentel le regala a la hija, como dote, el señorío de Arenas, el cual lo había recibido, como donación regia, en 1423 tras caer en desgracia el Condestable López Dávalos.

Doña Juana vivió parte de su vida matrimonial en Escalona y en otros lugares siguiendo la vida cortesana, salteada con frecuentes conflictos armados, generalmente de la nobleza levantisca contra el Rey, en los que participaba su marido; así su segundo hijo nació en Madrid y fueron sus padrinos los Reyes. Acaso la visita que les hacen los Reyes en 1450 fue la ocasión para que admirasen las riquezas del castillo y deseasen para ellos parte del llamado "tesoro de Escalona".

Tras la muerte en el cadalso de su marido, doña Juana lucha por recuperar parte de sus bienes que le habían sido arrebatados con autorización regia, pese a ser prima del Rey, por otros miembros de la nobleza. Como en la mente del Rey estaban los bienes del castillo de Escalona le devuelve algunos bienes confiscados (como Arenas) y le entrega otros que pertenecían al marido como Mombeltrán, -entonces conocido como El Colmenar- La Adrada, Castillo de Bayuela..., a cambio de las dos terceras partes del tesoro de Escalona. También le entrega dehesas a la otra parte del Tiétar, frente a Arenas, en el término municipal conocido como El Rincón. Al mismo tiempo le reclama, además, ciudades extremeñas de las que se había apoderado D. Álvaro.

Doña Juana pleitea, desde Arenas, por sus estados y toma la decisión de emparentar, por medio de la boda de su hija, con la casa del Infantado (en 1460) y se adelanta a los propósitos de Enrique IV quien deseaba que los bienes de la Condesa pasasen a manos de su valido D. Diego López Pacheco, Marqués de Villena.

La irritación de Doña Juana de Pimentel contra Enrique IV llega hasta el extremo de oponerse a los propósitos regios incluso con las armas, pues se niega a recibir al Rey quien quiere verla en el castillo de Montalbán, y ella lo espanta con disparos de "truenos y lombardas", por lo que éste llega a confiscarle determinados bienes como la villa de Mombeltrán y La Adrada y se las entrega a D. Beltrán de la Cueva en 1461 con lo que se resquebraja la unión que se había establecido con el Valle del Tiétar oriental. El enfado regio es tan grande que la condena a ella y a su hijo Juan de Luna a muerte, pero luego, por intercesión de los Grandes de Castilla, le perdona y le dona Arenas y otros lugares para ella y sus herederos.

Vivió mucho tiempo en Arenas y en su vejez se trasladó a Guadalajara donde firmó en 1487 donaciones de dehesas y fincas al municipio como agradecimiento por la contribución de los areneros en la recuperación de sus estados. Murió en noviembre de 1488 y está enterrada en la catedral de Toledo, junto a D. Álvaro de Luna, en la capilla de Santiago.